Idiosincrasia

“Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su manera”. Así comienza Ana Karenina, la novela de Tolstoi, que confronta una trágica pasión adulterina con una conducta orientada por la conciencia moral y dirigida a los demás.

Aunque rotunda, cabe matizar la frase. Porque, aparte los infortunios de la existencia —enfermedad, accidentes, muerte…, la infelicidad tiene un origen común, ya que el pecado “es la causa profunda de todo mal” (Benedicto XVI, Ángelus 13/3/2011). Por encima de las circunstancias, la aflicción es proporcional al alejamiento del verdadero Bien.

Siendo cierto el parecido de “las familias felices”, cimentado en la generosidad y la fidelidad, no lo es menos que cada una lo es “a su manera”. Pues lo mismo que no hay dos personas iguales, no hay dos familias iguales.

Peñalba es una familia de familias, unidas por un ideal: la formación integral de los hijos, humana y cristiana. Una familia feliz, no porque no tenga dificultades —¿quién se libra de ellas?— o sea impecable —¿quién se atreverá a tirar la primera piedra?—, sino porque el que escala decidido la montaña de la Verdad, goza con la promesa de lo que verá desde la cumbre.

En esta travesía, que es la vida, Peñalba celebra la alegría de vivir. Y lo hace a su manera. Con unas coordenadas inimitables de espacio, tiempo y corazón.

De espacio. ¿Quién de las primeras promociones no recordará la libertad de un colegio sin fronteras…? ¿Quién de las últimas, la entrañable presencia de la Virgen en su ermita? ¿Quién de todas, la señera figura de Simancas en el horizonte?

De tiempo. En las tardes de otoño, el taciturno crepúsculo en la lontananza del río. En las mañanas invernales, la niebla cerrada o la helada inmisericorde; en las de primavera, el jolgorio de los gorriones en los tejados. La Historia gravitando sobre las aulas…: el Papa en España, cae el Telón de acero, el siglo XXI, 6 de octubre de 2002 es canonizado San Josemaría, ganamos el mundial de Sudáfrica… Y los acontecimientos de casi cincuenta años de colegio…

De corazón. La idiosincrasia de un estilo único, tejido de un sinfín de detalles. De Ariete a Orión, hasta Pavía, promociones de fe e ilusión. En lo menudo y en lo grande. En la parrillada y en el futbito; en lo serio y en el dolor. Convencidos de que, en la oscuridad, siempre hay un portillo para la luz. Que no hay nudo que María no pueda desatar.

En nuestra revista festejamos los nacimientos y las bodas, la vida y el amor que empiezan. Y nos acordamos de los que no están, con una oración preñada de esperanza.

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