Paternidad

Editorial Nº 36. Junio / 2021

La Ilíada… Junto a Andrómaca, su mujer, Héctor alza al cielo a su hijo e invoca a los dioses: «Que al regresar del combate se pueda decir de él: “Es mucho más fuerte que su padre». Palabras del héroe de Troya, antes de enfrentarse al gran Aquiles. Gesto hermoso, pleno de paternidad.

Hoy a Héctor le hubieran puesto como chupa de dómine: el niño sin casco, exaltación de la fuerza, tono belicista, educación coactiva… La demolición de la figura del padre viene de lejos. “¡Abolición de la familia!”, auguraba el Manifiesto de Marx y Engels. ¿La maternidad?: “Una trampa” decía Beauvoir. ¿Los hijos…? Para el neomaltusianismo, demasiados. Para el neohedonismo, un lastre.

Han hecho del padre un proscrito. Al relativismo no le interesa nadie que enseñe la diferencia entre el bien y el mal. El feminismo radical lo tacha de patriarca. A la ideología de género le incomoda hasta el nombre, y lo sustituye por “progenitor”. —Quién sabe si A o B…—. Al individualismo no le gusta, porque, como el ombligo, recuerda nuestra dependencia originaria.

¡Reivindiquemos la paternidad! Los hijos necesitan un padre y una madre. La autoridad —sí, la autoridad— del padre es clave. Una autoridad servicial para ayudarles a crecer, a usar su libertad con criterio y a ser fuertes ante las dificultades.

El amor paterno es insustituible: incondicional, perdonador, que abraza siempre. Un cariño que aúna la exigencia y la ternura; que señala la cumbre y quitamiedos de la mochila y la llena de esperanza. Un amor viril, que ofrece seguridad. Adaptado a la delicadeza de las niñas y a la fogosidad de los varones. Muchos antiguos alumnos sois padres. ¡Qué responsabilidad y qué maravilla! Una tarea admirable y preciosa. Es vital ejercerla con decisión y generosidad: enseñando, corrigiendo, escuchando, comprendiendo, disculpando. Luchando por ser unos padres ejemplares. ¿Cómo si no demostraremos el amor a nuestros hijos?…

Hoy ser verdaderamente padre es revolucionario. Pero merece la pena. Para que nuestros hijos sean santos y felices. Para que pronuncien con devoción la primera palabra del padrenuestro.

Chesterton —una cita inevitable— dijo: “el triángulo de padre, madre e hijo es indestructible, pero puede destruir a las civilizaciones que lo menosprecien”. Un padre es un capitán con una antorcha. En las espesas sombras contemporáneas, es la luz de sus hijos.

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